NUESTRA IDENTIDAD: UNA CUESTIÓN AMBIENTAL
Frente al proceso de globalización, en los últimos diez años se han venido afianzando los principios de una “cultura ecológica”, que movilizan procesos sociales y culturales hacia el desarrollo sostenible, arraigado en un sistema de valores, ideologías, y significados.
El medio ambiente, los recursos, y las “sociedades tradicionales” deben estar reafirmadas cada vez más, como prácticas productivas de las sociedades, que nuevamente se adhieran a creencias religiosas y a significados sociales asignados a la naturaleza, o incluso a nuevas estrategias que permitan reivindicar el papel indispensable que cumple el ecosistema y sus patrones de producción y consumo de recursos.
La sobreexplotación, la minería, la caza y la pesca, están exigiendo por fin que se les dé un tratamiento equilibrado y justo, que no ponga más en riesgo la vida de cuantos participamos de su dadivosidad. Se requieren políticas firmes, basadas en el compromiso sincero de identificar de nuevo las naciones con una tradición férrea, basada en el respeto, hacia las generaciones actuales y venideras e incluso de respeto, hacia tanta benevolencia económica que el mismo ecosistema permite.
Estas estrategias culturales para el manejo sostenible deben basarse en la racionalidad cultural de todos los entes integrantes de la sociedad, de los diferentes grupos étnicos, pueblos y comunidades, grupos económicos, políticos, sociales, etc y sus sistemas de creencias, saberes y prácticas que forman sus propios niveles de percepción y uso de los recursos.
Desde perspectivas alternativas del desarrollo sostenible en América y Europa, se ha intentado darle un viro al gran potencial ecológico de los territorios, en sus formas de organización productiva, el uso de la tierra, el control de la tecnología y la adecuación de maneras lógicas de tratar la naturaleza. Sin embargo, estos proyectos no han alcanzado un nivel óptimo de eficiencia, puesto que en algunos momentos, los niveles de competitividad, han permitido que estas políticas flaqueen, no sean lo suficientemente estrictas y no tengan la difusión necesaria, para ser continuadas de manera constante.
Los espacios de algunos países subdesarrollados siguen siendo hoy escenarios de supervivencia, que dependen del desarrollo de trabajos agrícolas y por ello, el trabajo de la Nación, como ente regulador, se debe centrar en el incremento de la fertilidad de la tierra, técnicas para la conservación de agua y la prevención de erosión, así como de variadas innovaciones y estrategias agro ecológicas, que se solidaricen realmente con los sectores que desean trabajar honestamente, dándoles mayores oportunidades para su desarrollo y no se centren únicamente en la erradicación de aquellas poblaciones que no comprenden el sentido del progreso.
Hoy en día, los pueblos indígenas en Latinoamérica deben ser parte integral del patrimonio de los recursos naturales, pues han sido ellos, los que han mantenido una verdadera conciencia y han guiado la evolución de la naturaleza y la cultura a través del tiempo, pero desafortunadamente, la violencia se ha empeñado en aminorar su poder, de dañar su población, de vulnerar su ideología, de acabar con saña sus territorios y de asesinar sin piedad a sus habitantes.
Los saberes indígenas y sus derechos de apropiación de la naturaleza se han abierto camino lentamente dentro de la agenda del desarrollo sustentable. En este sentido, el Principio 22 de la Declaración de Río señala que: “Los pueblos indígenas y sus comunidades, así como otras comunidades locales, desempeñan un papel fundamental en la ordenación del medio ambiente y en el desarrollo debido a sus conocimientos y prácticas tradicionales.
Asimismo, en la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, la participación indígena tuvo lugar en foros específicos pero también en los de tipo general, en donde quedó claro que es a través de sus patrimonios culturales, y en particular de sus saberes, que pueden y deben participar ampliamente en tanto que pueblos en el establecimiento de estrategias, programas y proyectos para el desarrollo sostenible.
Por eso es que en este momento debemos unirnos a estos pueblos y hacer propios, temas tan importantes como los de la biodiversidad, la conservación de los bosques y selvas, la reducción de los índices de deforestación y de desertificación. La sociedad y las organizaciones deben participar activamente en la realización de estrategias de conservación de estos recursos y no esperar que nadie más lo haga por nosotros.
Es hora de hacer válidos los compromisos bilaterales o multilaterales para lograr el cuidado, la investigación y la experimentación de nuevos modelos para la conservación de los recursos bióticos en las áreas establecidas nacional e internacionalmente. Y es en este punto, donde realmente la planeación local y la elaboración de decretos, la administración, zonificación y elaboración del plan de manejo de las áreas naturales protegidas se debe hacer respetar por encima de todo.
Por fin se debe reconstruir un nuevo saber, dado por los procesos de hibridación de culturas y por la globalización, basado en la sostenibilidad de la tecnología post-moderna. La sostenibilidad es una cuestión que se debe sentir en cada ser humano, como una consiente que nos reafirma y actualiza en el papel que realmente tenemos que desempeñar en esta sociedad.
Las ideas para la sostenibilidad deben ser reinventadas a diario, por todos nosotros. La naturaleza y la cultura necesariamente deben vivir en constante relación, como el clamor social, que reivindica nuestra identidad y legitima reglas más plurales y democráticas de convivencia social.
lunes, 2 de marzo de 2009
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