martes, 4 de noviembre de 2008

UN ESCAPE A LOS MARCOS DE PODER: REPENSAR LA TECNOLOGÌA

A partir del concepto de “tecnología”, lo cual constituye un sinnúmero de herramientas de información, microelectrónica, informática, telecomunicaciones, optoelectrónica, e incluso la ingeniería genética, podemos hablar de una revolución a nivel institucional e industrial y una nueva mentalidad económica y sobre todo, la presencia de agentes dispuestos a aprender a utilizar estos nuevos avances.

Asimismo, la actual globalización es también el resultado de la revolución tecnológica y de otro tipo de revoluciones subyacentes como la institucional, ideológica y organizacional, apoyadas en filosofías de liberalización, desregulación y privatización; procesos que tomaron mayor impulso cuando Estados Unidos comenzó a utilizar la revolución tecnológica para aumentar la rentabilidad del capital, cuyos beneficios habían comenzado a bajar en los años 60 y a principios de los años 70, Japón y Europa Occidental seguirían esta lógica de innovación tecnológica impulsada por los mismos estadounidenses, con el objetivo de aumentar la tasa de beneficios del capital.

Desde entonces éstas han sido las armas de las que se han servido estos países para restablecer la primacía de fuerzas económicas bien definidas. Por esto es que algunos autores, como el politólogo estadounidense Benjamín Barber, afirman que la globalización actual es el resultado de la demostración del poder imperialista de Estados Unidos.

Según Peter Marcuse, el vínculo entre los avances tecnológicos y la concentración del poder económico no es algo irremediable. La computarización, la agilización de las comunicaciones, los avances en la tecnología de la información, la capacidad de ejercer e irradiar el control desde un centro a los cinco continentes, la creciente rapidez y eficacia del transporte, las facilidades de flexibilidad de la producción, y la automatización de las tareas rutinarias son esenciales para el aumento sustancial de la concentración del poder económico del que hoy, somos testigos.

Sin embargo, la tecnología está en manos de aquellos que ostentan el poder y la usan para incrementarlo; y es por ello que sea hace imperante la necesidad de hallar un equilibrio sistemático en el uso de las mismas, así como de una justa armonía entre el poder que las clases ostentan y el correcto uso de las tecnologías.

Los grandes avances a nivel tecnológico, han traído consigo un mayor despliegue de descubrimientos, de innovación e instauración de nuevas instituciones y objetos al servicio de las sociedades emergentes, pero también ha significado mayor destrucción de empresas y disminución de las posibilidades de empleo, lo que se ve reflejado en las desigualdades que se han ampliado en forma alarmante. El conocimiento, liderado por el lucro individual, conduce a grandes distorsiones económicas y desigualdades, lo que irremediablemente constituye un poder, al servicio del poder.

De esta forma, una nueva sociedad se va desarrollando globalmente y ella depende de las estructuras incontrolables del capitalismo de la información y de los procesos de retroalimentación, donde todos los ámbitos que configuran la cultura, son influidos de una u otra manera en estas sociedades emergentes, caracterizadas por códigos unificados, los cuales a su vez, también potencializan cambios sociales y económicos, que hace tambalear las estructuras de las culturas.

Cada innovación tecnológica desestabiliza los patrones instaurados, y a su vez, subyacen reacciones en cadena, no sólo a nivel político, sino que constituye un cambio de la situación social, a nivel de conocimiento y las formas de ver y explorar el mundo.

Desde la creación de Internet, hasta nuestros días y aún más allá de las perspectivas, las grandes autopistas de la información, las cuales se fundamentan en el movimiento de bits sin peso a la velocidad de la luz y las empresas que se preguntan sobre su futuro en un mundo digital, basan sus objetivos en la manera y la capacidad de servir sus productos o servicios de modo digital.

Cambian los modos de hacer las cosas, como por ejemplo la venta por catálogo, donde el cliente conoce perfectamente el producto y sabe que no hay diferencia entre el comprado por correo y en persona. En este sentido, Alfons Cornella escribía en una entrevista reciente a Jeff Bezos, fundador de Amazon desgrana: “El principal argumento es que han creado una plataforma muy eficiente a la hora de vender por una pantalla. Amazon dice que es la mejor experiencia de compra online que existe”.

Esta “excelencia” le permite ahora convertirse en un “experto” de la venta online, de manera que otras empresas que no han sabido cómo hacerlo acuden a ellos para que se conviertan en su tienda en Internet. O sea, Amazon se convierte en su intermediario especializado en la venta por el canal digital de Internet.

Epic es un ejemplo más de abordar la perspectiva futurista de la revolución de Internet hacia el 2010. No obstante, aún queda mucho por hacer tanto en el campo periodístico como en el de radio y televisión. En parte esto se debe a que la tecnología necesaria para transmitir audio y vídeo con calidad aceptable sobre las conexiones telefónicas de la mayoría de los hogares aún no está totalmente desarrollada.

Es allí donde en esencia nacería la verdadera polémica del desarrollo del poder, que aunque no es irreversible, medible y predecible, como afirma Castells, se está haciendo pedazos en la sociedad red, en un movimiento de significado histórico extraordinario, con un trasfondo de vicisitudes profundas.

En efecto, son los tiempos sociales evidenciados en los hábitos y rutinas los que regulan la acción social. El acto de esta manera tendrá que escaparse de ser condenado al castigo impuesto por la norma, al control impuesto por el poder, a la duración impuesta por el tiempo; el acto si se quiere a sí mismo tendrá que apartarse de estos marcos regulatorios y buscar su libertad en un marco virtual.

Es entonces cuando se hace visible la verdadera aparición de una revolución en nuestro propio sentido de ver las cosas, de proponer alternativas en un tiempo que hace posible la simultaneidad y la instantaneidad; un tiempo que comunica de una manera sorprendente al mundo, un tiempo que disfrazará la acción y le permitirá a través del simulacro escapar de los marcos normativos, a través de la creación de sí misma.
Bibliografia
*Peter Marcuse, “Globalización y Sociedad Civil: Los actores y procesos en el espacio global desde la perspectiva Latinoamericana”

*Entrevista con Alfons Cornella, fundador y presidente de Infonomía

*Manuel Castells, “La Era de la Información y la Sociedad Red"

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