DEMOCRACIA Y RENOVACIÓN: UN NUEVO PERIODISMO
Con la aparición de Internet y el desarrollo de las páginas web, es posible concebir una nueva forma de repensar el mundo y hacer del periodismo tradicional, un sistema de producción automatizado, un producto interactivo y multimedia, caracterizado por la incorporación de video, audio, textos, sistemas
de búsqueda, top quailty, low noise, dolby sistem, ADSL, multimedia, hipertexto, hipermedia, enciclopedias, download, links, blogs, actualizaciones inmediatas y participación activa y constante del usuario. Esto sería lo que constituiría el desafío de los medios de comunicación, y un redescubrir al ser humano que está detrás de un hecho, como una persona de carne y hueso, afectada por los vientos de la realidad.
Es ahora, en pleno siglo XXI cuando se hace indispensable hacer un análisis exhaustivo y resaltar la producción de conocimiento en este constante movimiento de las sociedades, como una actividad de investigación y revelamiento de cantidades de personajes paradigmáticos, quienes pueden evidenciar y reflejar, como un prisma, las cambiantes luces del planeta.
No se trata de narrar por narrar. Algunos periodistas no conciben al periodismo como un oficio extremadamente sensible, donde la más ligera falsedad, la más ligera desviación, puede hacer pedazos la confianza de una sociedad, que espera que jamás se le subestime, y que por el contrario, se convierta en un testigo privilegiado del buen uso del lenguaje y de la fidelidad del periodista, hacia la propia conciencia.
El periodismo no se debe prestar jamás para convertirse en un show barato, que gana rating con grandes escándalos mediáticos, con sobresaltos de voz, o absurdas distracciones artificiosas, con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sin respetar la información precisa. El periodismo de nuestros días está llamado a ser y con el desarrollo de las herramientas de la tecnología, una democratizadora y renovadora, libre del acecho institucional corporativo e invasivo, que separa a los profesionales, de los ciudadanos.
El lenguaje del periodismo futuro no es una simple cuestión de oficio o un desafío estético. Es, ante todo, una solución ética. Según esa ética, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector, sino ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la misma, entender el por qué y el para qué y el cómo de las cosas, con el deslumbramiento de quien las está viendo, por primera vez.
Es que ya no se trata de un receptor primitivo, sino de un receptor que tiene sobre sí, la mayor montaña de información de toda la historia, un receptor que debe dominar modernas tecnologías: navegar en Internet, abrir un hipervínculo, acceder a un link, descargar archivos en diferentes formatos, consultar múltiples y, a menudo, contradictorias fuentes, enciclopedias, multimedia, hipertextos, información cuyo nivel de especialización no tiene precedentes; un receptor que lucha por forjarse una opinión independiente, libre del agobio del “escándalo” y esclavo del cada vez más reducido tiempo.
Hoy la profesión del reportero a la vieja usanza comienza a ceder espacio y emerge el llamado "proveedor de contenido", señor que armado de su PC, quien se sumerge en una multitud de datos, concluye entrevistas, se hace de imágenes, asiste como espectador a magnas citas, está hoy obligado a operar y dominar las muy variadas y complejas tecnologías y a convertirse poco a poco; o más bien, pronto, pronto, en un “homo ciberneticus”.
Es por esto y por mucho más, que el periodista debe ser ante todo, un testigo acucioso, tenaz, incorruptible, apasionado por la verdad, pero sólo un testigo; y con un gran criterio moral, que reside, justamente, en la distancia de los hechos, mostrándolos, revelándolos, denunciándolos, sin aceptar ser parte de los hechos; convirtiendo de este modo al periodismo en un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta, apoderada y revitalizada por la tecnología, que lejos de acabar con este quehacer diario, redime su connotación, haciéndola cada vez más eficaz y más efectiva.
Con la aparición de Internet y el desarrollo de las páginas web, es posible concebir una nueva forma de repensar el mundo y hacer del periodismo tradicional, un sistema de producción automatizado, un producto interactivo y multimedia, caracterizado por la incorporación de video, audio, textos, sistemas
de búsqueda, top quailty, low noise, dolby sistem, ADSL, multimedia, hipertexto, hipermedia, enciclopedias, download, links, blogs, actualizaciones inmediatas y participación activa y constante del usuario. Esto sería lo que constituiría el desafío de los medios de comunicación, y un redescubrir al ser humano que está detrás de un hecho, como una persona de carne y hueso, afectada por los vientos de la realidad.
Es ahora, en pleno siglo XXI cuando se hace indispensable hacer un análisis exhaustivo y resaltar la producción de conocimiento en este constante movimiento de las sociedades, como una actividad de investigación y revelamiento de cantidades de personajes paradigmáticos, quienes pueden evidenciar y reflejar, como un prisma, las cambiantes luces del planeta.
No se trata de narrar por narrar. Algunos periodistas no conciben al periodismo como un oficio extremadamente sensible, donde la más ligera falsedad, la más ligera desviación, puede hacer pedazos la confianza de una sociedad, que espera que jamás se le subestime, y que por el contrario, se convierta en un testigo privilegiado del buen uso del lenguaje y de la fidelidad del periodista, hacia la propia conciencia.
El periodismo no se debe prestar jamás para convertirse en un show barato, que gana rating con grandes escándalos mediáticos, con sobresaltos de voz, o absurdas distracciones artificiosas, con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sin respetar la información precisa. El periodismo de nuestros días está llamado a ser y con el desarrollo de las herramientas de la tecnología, una democratizadora y renovadora, libre del acecho institucional corporativo e invasivo, que separa a los profesionales, de los ciudadanos.
El lenguaje del periodismo futuro no es una simple cuestión de oficio o un desafío estético. Es, ante todo, una solución ética. Según esa ética, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector, sino ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la misma, entender el por qué y el para qué y el cómo de las cosas, con el deslumbramiento de quien las está viendo, por primera vez.
Es que ya no se trata de un receptor primitivo, sino de un receptor que tiene sobre sí, la mayor montaña de información de toda la historia, un receptor que debe dominar modernas tecnologías: navegar en Internet, abrir un hipervínculo, acceder a un link, descargar archivos en diferentes formatos, consultar múltiples y, a menudo, contradictorias fuentes, enciclopedias, multimedia, hipertextos, información cuyo nivel de especialización no tiene precedentes; un receptor que lucha por forjarse una opinión independiente, libre del agobio del “escándalo” y esclavo del cada vez más reducido tiempo.
Hoy la profesión del reportero a la vieja usanza comienza a ceder espacio y emerge el llamado "proveedor de contenido", señor que armado de su PC, quien se sumerge en una multitud de datos, concluye entrevistas, se hace de imágenes, asiste como espectador a magnas citas, está hoy obligado a operar y dominar las muy variadas y complejas tecnologías y a convertirse poco a poco; o más bien, pronto, pronto, en un “homo ciberneticus”.
Es por esto y por mucho más, que el periodista debe ser ante todo, un testigo acucioso, tenaz, incorruptible, apasionado por la verdad, pero sólo un testigo; y con un gran criterio moral, que reside, justamente, en la distancia de los hechos, mostrándolos, revelándolos, denunciándolos, sin aceptar ser parte de los hechos; convirtiendo de este modo al periodismo en un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta, apoderada y revitalizada por la tecnología, que lejos de acabar con este quehacer diario, redime su connotación, haciéndola cada vez más eficaz y más efectiva.
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